Portazo y a buscar viejas camisetas…
Patricia Bullrich, Macri y el operativo post-mileísta: la alianza que ya empieza a imaginar el poder para 2027
Hay momentos en política donde las rupturas todavía no ocurrieron… pero el sistema entero empieza a actuar como si fueran inevitables. Eso es exactamente lo que empieza a pasar alrededor de Javier Milei.
Mientras el Presidente defendía desde el exterior a Manuel Adorni en medio del escándalo que golpea al vocero presidencial, Patricia Bullrich salió públicamente a exigir la presentación inmediata de su declaración jurada. El gesto sacudió al oficialismo. No solamente por el contenido. Sobre todo por el contexto.
Porque en un gobierno construido sobre verticalismo extremo, control comunicacional y obediencia absoluta al núcleo presidencial, que una ministra exponga públicamente a uno de los hombres más protegidos por Javier y Karina Milei equivale a mucho más que una diferencia táctica. Equivale a una señal de autonomía política. Y la reacción interna lo confirmó.
Cuando un gobierno necesita aclarar todos los días que “no pasa nada”, generalmente es porque algo sí está pasando.
Y detrás de esa escena aparece el verdadero ruido de fondo: la incomodidad creciente del PRO dentro del universo libertario, el desgaste interno del mileísmo y la sensación cada vez más extendida de que el sistema político ya empezó a estudiar seriamente el “día después”.
La foto de Mauricio Macri y Patricia Bullrich abrazados en la cena de la Fundación Libertad en abril no fue una postal social. Fue un mensaje. Un mensaje hacia adentro del oficialismo, hacia los gobernadores, hacia la UCR y hacia el establishment político y económico que empieza a preguntarse cómo se reorganiza el espacio liberal-republicano si Milei pierde centralidad electoral. Porque el dato más importante hoy no es solamente cuánto mide Milei.
El dato importante es que por primera vez desde 2023, sectores relevantes del poder empiezan a preguntarse si el Presidente puede dejar de ser el principal ordenador político del electorado que rechaza tanto al kirchnerismo como al caos permanente de la confrontación extrema.
El deterioro del oficialismo
Un promedio de las encuestas nacionales más recientes —Zuban Córdoba (mayo 2026, 2.000 casos), Giacobbe & Asociados, Opina Argentina, GYC Comunicación y Tendencias— muestra un oficialismo mucho más erosionado que hace apenas unos meses. Los números empiezan a repetirse:
-
Milei oscila entre 34 % y 36 % de aprobación.
-
La desaprobación ya se mueve entre 60 % y 64,5 %.
-
Según Zuban Córdoba, el 71,2 % de los argentinos cree que “hace falta un cambio de gobierno”.
-
Y quizá el dato más delicado para Casa Rosada: cerca del 40 % de quienes votaron a Milei en 2023 dicen sentirse defraudados.
No significa necesariamente que Milei esté políticamente terminado. En Argentina eso sería una estupidez afirmarlo con tanta anticipación. Pero sí significa otra cosa: el blindaje emocional que tuvo durante su primer tramo de gobierno empezó a agrietarse. Y cuando eso ocurre, la política huele sangre.
Bullrich aparece como el puente
Ahí emerge Patricia Bullrich. No como heredera natural de Milei, sino como una dirigente capaz de conectar mundos políticos que hasta hace poco parecían incompatibles:
- sectores libertarios decepcionados;
- el electorado republicano clásico;
- votantes moderados que buscan orden económico;
- y parte del universo anti-kirchnerista que nunca terminó de sentirse cómodo con el desorden permanente del mileísmo.
Las encuestas muestran algo llamativo. En Zuban Córdoba, Bullrich alcanza 32,4 % de intención de voto (“lo votaría”), apenas detrás de Axel Kicillof (44,1 %) y por encima incluso del propio Milei (31,4 %). En Santa Fe, según GYC Comunicación, Bullrich registra cerca de 50 % de imagen positiva, superando al Presidente.
Mauricio Macri, en cambio, mantiene un problema estructural: lidera los niveles de rechazo nacional con alrededor de 62,8 % de imagen negativa.
Y eso cambia completamente la ingeniería electoral posible. Porque el escenario más competitivo ya no parece ser “Macri vuelve” en soledad ni “Bullrich rompe” por separado.
Empieza a consolidarse otra hipótesis: una fórmula compartida Macri-Bullrich o Bullrich-Macri capaz de reunir estructura, volumen político, experiencia de gestión, voto republicano histórico y parte del electorado libertario desencantado.
El armado que empieza a imaginarse
La hipótesis que circula en sectores del PRO, operadores parlamentarios, gobernadores dialoguistas y parte de la UCR ya no es solamente una ruptura Bullrich-Milei. La discusión empieza a ser qué tamaño tendría el espacio político posterior. Y ahí aparece un esquema potencialmente enorme:
- PRO;
- sectores de la UCR;
- gobernadores dialoguistas;
- fuerzas provinciales;
- peronismo no kirchnerista;
- liberales moderados;
- estructura territorial del interior.
Los nombres que empiezan a mencionarse no son casuales:
- Gustavo Valdés en Corrientes;
- sectores de Alfredo Cornejo en Mendoza;
- Ignacio Torres en Chubut;
- armados provinciales que hoy acompañan tácticamente al oficialismo pero ya estudian alternativas.
Porque en política todos hablan de principios… hasta que empiezan a mirar las encuestas.
Las dos fórmulas posibles
Hoy, dentro de esa conversación subterránea, aparecen dos variantes centrales. Macri Presidente – Bullrich Vice. Sería la fórmula más identitaria para el votante histórico del PRO y para parte del establishment que sigue viendo en Macri al ordenador político del espacio.
Las proyecciones la ubican entre 20 % y 24 % con capacidad concreta de disputar el ingreso al ballotage si logra consolidar:
- apoyo radical;
- gobernadores provinciales;
- territorialidad bonaerense;
- y sectores del voto liberal desencantado con Milei.
El problema sigue siendo el mismo: el rechazo estructural que acumula Macri. Pero incluso con ese límite, la potencia organizativa del PRO sigue siendo enorme. Porque la política argentina no se mueve solamente por imagen positiva.
Se mueve también por estructura, financiamiento, fiscalización, intendentes, redes territoriales, operadores y capacidad logística.
Y ahí aparece un dato que dentro del PRO nadie desconoce: Bullrich puede aportar volumen electoral y conexión con sectores desencantados del mileísmo, pero Macri sigue siendo quien conserva la maquinaria política, empresarial y territorial más sólida del espacio.
Dicho brutalmente en términos futboleros: el dueño de la pelota suele tener prioridad para armar el equipo. Bullrich Presidenta – Macri Vice. Esta variante aparece hoy como la más competitiva en términos puramente electorales.
Bullrich conserva mejor imagen relativa, genera menos rechazo que Macri y tiene mayor capacidad de absorber votantes libertarios desencantados sin perder identidad republicana ni espantar completamente al votante moderado.
Las simulaciones electorales que circulan entre consultores y armadores la ubican en un rango de 24-28 %, con chances reales de entrar al ballotage si suma:
- estructura radical;
- apoyo territorial de gobernadores;
- despliegue legislativo coordinado;
- y el aparato político-financiero del PRO.
Porque incluso en una fórmula encabezada por Bullrich, el factor Macri seguiría siendo decisivo. No solamente por apellido o liderazgo simbólico. Sino porque detrás suyo siguen existiendo:
- intendentes;
- financiamiento;
- vínculos empresariales;
- cuadros técnicos;
- armado legislativo;
- operadores;
- y capacidad nacional de campaña.
En otras palabras: Bullrich puede ser hoy la candidata más competitiva… pero Macri sigue siendo el principal accionista político de ese universo.
La herida silenciosa dentro del PRO
Sin embargo, toda esa ingeniería electoral tiene un problema que dentro del PRO nadie subestima: la resistencia del votante macrista más duro a volver a aceptar naturalmente a Patricia Bullrich después de su salto político hacia La Libertad Avanza.
Porque si bien Bullrich conserva buena imagen en sectores libertarios y anti-kirchneristas, una parte importante del electorado histórico del PRO vivió su afiliación formal al mileísmo como una traición política y emocional. No se trata solamente de diferencias tácticas. Muchos dirigentes, militantes y votantes amarillos sienten que Bullrich:
- contribuyó al vaciamiento del PRO;
- avaló ataques permanentes de Milei contra Macri;
- y terminó subordinándose a un esquema de poder que humilló sistemáticamente a antiguos aliados.
Ese malestar existe. Y en privado, numerosos operadores del PRO admiten que una eventual reunificación requeriría un delicado trabajo de reconstrucción interna para evitar fracturas silenciosas o desmovilización territorial.
Porque el votante PRO duro quizás no tenga hoy volumen suficiente para ganar una elección presidencial por sí solo, pero conserva algo igual de importante: estructura, financiamiento, militancia, fiscalización y capacidad de instalación política.
En otras palabras: no alcanza solamente con sumar dirigentes arriba. También hay que suturar heridas abajo.
Por eso, si Macri y Bullrich realmente decidieran construir una fórmula competitiva para 2027, necesitarían instalar una idea incómoda pero políticamente efectiva: que más allá de las heridas internas, una parte importante del electorado liberal-republicano podría terminar prefiriendo la reconstrucción de un espacio político racional, institucional y competitivo antes que continuar atrapado entre los extremos permanentes de la política argentina.
El factor Villarruel
Otro dato que empieza a alterar todos los cálculos es Victoria Villarruel. La vicepresidenta mantiene niveles de imagen considerablemente mejores que Milei en varios relevamientos.
En Zuban Córdoba aparece con 23,2 % de “voto seguro”, algo extremadamente significativo para una dirigente hoy semi-marginada del círculo presidencial. Nadie imagina hoy una fórmula Bullrich-Villarruel.
Pero sí empiezan a aparecer conversaciones sobre posibles incorporaciones legislativas o acuerdos tácticos capaces de capturar parte del voto libertario conservador si Milei entra en una fase de desgaste más acelerado.
Ahí también aparece el nombre de Diana Mondino como posible figura técnica para listas legislativas en CABA o provincias exportadoras.
El escenario que más preocupa a Casa Rosada
Si las tendencias actuales continuaran —y esa aclaración es fundamental— el escenario de primera vuelta de 2027 podría empezar a parecerse a esto:
- Peronismo/Kicillof: 30-35 %.
- Fórmula Macri-Bullrich o Bullrich-Macri con apoyo PRO-UCR-gobernadores: 24-29 %.
- Mileísmo puro: 15-20 %.
- Otras fuerzas: 15-20 %.
En cualquiera de las dos variantes, el objetivo político sería el mismo: entrar al ballotage como la principal alternativa liberal-republicana frente al kirchnerismo y frente al desgaste creciente del modelo mileísta.
Y ahí aparece el verdadero fantasma para el oficialismo: que Milei no pierda solamente centralidad de gobierno… sino centralidad política dentro de su propio universo electoral.
Porque una cosa es gobernar desgastado. Otra muy distinta es dejar de ser el principal vehículo político de una parte enorme del electorado que buscaba una alternativa al kirchnerismo.
El problema real no es electoral: es de poder
En Casa Rosada intentan bajarle dramatismo a todo esto. Cerca del Presidente sostienen que Bullrich sigue alineada con Milei y que no existe ninguna ruptura inminente. Formalmente, tienen razón.
Pero la política no funciona solamente con alianzas formales. Funciona con percepciones de futuro. Y cuando gobernadores, empresarios, consultores, legisladores y operadores empiezan a imaginar escenarios post-mileístas… el proceso de reconfiguración ya empezó, aunque nadie lo admita públicamente.
Porque el problema para la Casa Rosada ya no es solamente Adorni. El problema es que la crisis empezó a perforar el principio más importante del mileísmo: la idea de cohesión absoluta alrededor del liderazgo presidencial.
La economía seguirá siendo el factor decisivo. Siempre lo es en Argentina. Si Milei logra estabilizar inflación, recuperación salarial y crecimiento, todo este tablero puede volver a ordenarse detrás del oficialismo.
Pero si el desgaste continúa, la dupla Macri-Bullrich —en el orden que finalmente imponga la negociación entre competitividad electoral, estructura territorial y control político del espacio— podría transformarse en el vehículo de reconstrucción de un espacio liberal-republicano que busca volver a ofrecer gobernabilidad, racionalidad económica y volumen político frente al agotamiento creciente de los extremos argentinos.


Periodista de investigación
https://ricardobenedetti.com/
