DESTACADAECONOMIAGOBIERNO NACIONALPOLITICA NACIONALULTIMO MOMENTO

3.2.1, el gobierno de Milei implosiona: entre la locura del presidente y la feroz interna libertaria.

La crisis política dentro del gobierno de Javier Milei dejó de ser un rumor de pasillo para convertirse en una evidencia cotidiana. Lo que hasta hace pocos meses parecía una administración disciplinada bajo el liderazgo absoluto del Presidente, hoy se asemeja a una estructura atravesada por disputas internas, operaciones cruzadas, desgaste emocional y un creciente aislamiento del propio mandatario.

En la Casa Rosada ya nadie disimula el nivel de tensión. Funcionarios que antes compartían estrategia ahora se espían entre sí, filtran información a la prensa y se acusan mutuamente de conspirar para quedarse con el control político del Gobierno. La interna entre el círculo de Santiago Caputo y el sector alineado con Karina Milei escaló a niveles inéditos, mientras el Presidente aparece cada vez más errático, encerrado en su propio universo discursivo y desconectado de la realidad social.

La situación económica, lejos de ordenar la escena, profundiza el caos. Aunque el oficialismo insiste en mostrar algunos indicadores como señales de recuperación, el deterioro social ya impacta de lleno en la calle. Comercios que cierran, caída brutal del consumo, despidos y salarios destruidos forman parte de un escenario que empieza a erosionar incluso a sectores que votaron a Milei con expectativas de cambio.

 

💥💥💥En paralelo, dentro del propio universo libertario crece la preocupación por el comportamiento presidencial. Dirigentes cercanos al oficialismo reconocen en privado que Milei atraviesa un momento de extrema fragilidad emocional y política. Sus reacciones intempestivas, sus ataques permanentes en redes sociales y sus discursos cada vez más agresivos generan alarma incluso entre aliados.

 

Las escenas recientes del mandatario insultando periodistas, economistas, gobernadores y opositores ya no son vistas únicamente como excentricidades de campaña.

En el entorno presidencial admiten que el problema se volvió estructural: un Presidente incapaz de administrar tensiones políticas sin caer en estallidos personales.

Mientras tanto, Karina Milei consolidó un poder casi absoluto dentro del armado libertario. La secretaria general de la Presidencia controla la estructura política, define candidaturas y filtra quién puede acercarse al jefe de Estado. Esa concentración de poder provocó una guerra silenciosa con otros sectores del oficialismo, especialmente con quienes consideran que “El Jefe” prioriza lealtades personales por encima de la gestión.

El resultado es un gobierno fragmentado. Ministerios paralizados, funcionarios enfrentados y decisiones estratégicas demoradas por peleas internas forman parte de la dinámica diaria. Muchos expedientes importantes quedan trabados durante semanas porque ninguna facción quiere otorgarle una victoria política a la otra.

La situación empieza además a preocupar al establishment económico. Empresarios que inicialmente respaldaron con entusiasmo el programa libertario observan ahora un gobierno desordenado, con señales contradictorias y sin capacidad de construir estabilidad política de largo plazo. El temor ya no pasa únicamente por la economía, sino por la gobernabilidad.

En el Congreso, el oficialismo tampoco logra ordenar su tropa. Las fracturas internas se multiplican y varios legisladores libertarios empiezan a tomar distancia del núcleo duro presidencial. Algunos incluso reconocen, en voz baja, que el proyecto político podría entrar en una fase de desgaste acelerado si continúa la dinámica actual.

El problema de fondo es que Milei llegó al poder prometiendo destruir “la casta”, pero terminó construyendo un esquema dominado por disputas palaciegas, operaciones internas y personalismos extremos. La lógica de confrontación permanente que le sirvió para crecer políticamente ahora amenaza con devorarse a sí misma.

Cada día aparecen nuevos episodios que muestran un gobierno desbordado por sus propias contradicciones. Y mientras el Presidente profundiza su aislamiento y radicaliza su discurso, en el corazón del oficialismo crece una pregunta inquietante: cuánto tiempo más puede sostenerse un poder que parece avanzar hacia su propia implosión.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com