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Sociedad. Carta abierta al presidente Milei: “Entregá a Karina, Javier”

Javier Milei, presidente de una Argentina que se desangra bajo el filo de tus promesas incendiadas, te escribo desde la otra orilla: la de un país que ya no espera milagros, sino cuentas claras. Tus consignas de libertad, tu motosierra de utilería, son apenas un eco frente al alarido de los hechos.

Los audios de Diego Spagnuolo, tu amigo, tu abogado, tu sombra de confianza, no son un rumor de pasillo: son la daga que desgarra el disfraz de tu cruzada.

En esas grabaciones, la voz de Spagnuolo no titubea: describe un esquema de coimas, un 8% envenenado que trepa hasta la Casa Rosada y enreda a Karina Milei y a Eduardo “Lule” Menem en una danza obscena de porcentajes. Medio millón de dólares al mes, Javier, mientras una madre espera en vano la pensión de su hijo discapacitado, atrapada en la burocracia de tu indiferencia.

¿Qué clase de alma desalmada convierte la vulnerabilidad en negocio, robando a los discapacitados con la frialdad de un contable? Hasta los kirchneristas, maestros consumados de la corrupción, se han detenido, atónitos, ante la magnitud de este despojo.

Y en medio de esa podredumbre, la advertencia de Spagnuolo retumba: “Javi, están choreando, no te hagas el boludo”. Tu silencio -ese silencio que pesa más que mil discursos- no es prudencia: es complicidad.

No es la primera mancha. El caso $LIBRA, la estafa que dejó a 75.000 argentinos con las manos vacías, aún arroja cenizas que la justicia extranjera hurga. Los contratos turbios con la droguería Suizo Argentina, ligados a los Menem, ya encendían alarmas en 2024. Hoy, los allanamientos de Casanello, los celulares confiscados, la máquina de contar billetes en la casa de Spagnuolo, son piezas de un rompecabezas que se arma solo. Y vos, en Rosario, sonreís para la foto, como si el lente pudiera apagar el incendio.

Entregá a Karina, Javier. No porque comparta tu sangre, sino porque ocupa un cargo público. Que muestre sus mensajes, que se siente ante el juez, que rinda cuentas como cualquier ciudadano.

Si es inocente, que lo pruebe con la transparencia que tanto declamaste. Si no lo es, que el país reciba la verdad, aunque duela como un hueso quebrado. Porque la corrupción, Javier, no es solo un drama argentino: es una traición a cualquier pueblo que confía en sus líderes. Y para los corruptos no hay segunda oportunidad; la justicia no negocia con indulgencias.

Podés vetar leyes que salvarían a los vulnerables. Podés inventar enemigos para sostener tu épica gastada. Podés callar mientras el fentanilo siega vidas. Pero no hay relato que resista la complicidad.

Tu gobierno, que juró dinamitar la casta, se desmorona en el espejo de sus propios vicios. Y si no actuás, si no entregás a Karina a la justicia, no serás recordado como el león que rugió contra el sistema, sino como el hombre que traicionó su propio mito.

La historia no escribe con suavidad. Cuando trace tu epitafio político, Javier, no hablará de motosierras ni de victorias impostadas. Hablará de un presidente que, ante el abismo de la corrupción, eligió cerrar los ojos.

Y ese silencio, como un verso que se astilla en el filo de la verdad, será el eco de tu derrota.

Periodistas de investigación

https://ricardobenedetti.com/

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