Política nacional. “Divide y reinarás”: rivalidades colectivas que sólo benefician al poder
El encontronazo entre estudiantes de ideología peronista y libertaria en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) llegó a medios internacionales. La lectura se leyó favorablemente de ambos lados y unos culpaban a los otros del desastre ocasionado.
Lo cierto es que no es un hecho aislado y debe someterse al más objetivo y profundo análisis en medio de un escenario electoral y un panorama político marcado por la violencia. La discursiva y la física.
Ambos bandos se destacan por utilizar la violencia en defensa de la ideología. Ninguno escapa a esa lógica. Es la radicalización de ideas que, directa o indirectamente, son bajadas desde el núcleo del poder argentino.
Mientras Cristina Kirchner mandaba a dirigentes del peronismo a “que se suturen el orto” y ponía imágenes de comunicadores al frente del Congreso de la Nación, Javier Milei utiliza términos despectivos hacia prácticamente todo el que no piensa igual.
La misma lógica, tan igual que el pasado jueves el presidente utilizó una frase que se le recuerda a la ex presidenta: “No vienen por mí, vienen por ustedes. Yo solo estoy en el medio”, sostuvo Milei sin percatarse (¿o sí?) que es exactamente el mismo eslogan que utilizó CFK años atrás.
La realidad es que mientras los militantes o seguidores de cierto espacio político ponen la cara para bancarse las cachetadas y defienden a capa y espada a sus líderes, estos se benefician en varios niveles.
Por empezar a ambos les tocó quedar involucrados en gravísimos hechos de corrupción que no hace más que reforzar la idea de que el ilícito a través del Estado es un problema estructural prácticamente imposible de extirpar.
Y por el otro porque, tal como sostiene un viejo refrán del saber popular, “divide y reinarás”. Quien suscribe jamás estuvo a favor de la grieta por una razón sencilla: Si todos los argentinos pusieran la lupa sobre los líderes, dirigentes y representantes políticos; se estaría al frente de una situación idílica donde la transparencia sería la norma y no la excepción.
Cada quien puede votar al que mejor lo represente. El voto pertenece a la persona que lo emite y eso está bien. Hay quienes votarán por la izquierda, por el kirchnerismo, por fuerzas de centro o por La Libertad Avanza. Cada uno tendrá una razón, que por cierto, es válida.
Ello no quiere decir que luego no se pueda hacer crítica a los representantes de esos partidos. Por el contrario, demostraría cierta honestidad intelectual. Sobre todo porque no existen Gobiernos carentes de corrupción. Atacar un hecho ilícito para defender otro no es más que una doble vara que deja por el suelo las expectativas políticas.
Lo ideal siempre será el respeto. Que cada uno milite la fuerza que le parezca mejor. Que cada quien vote por una Argentina próspera ateniéndose a su ideología. Es inentendible la defensa a cuerpo de un dirigente o espacio político cuando son justamente quienes están en el poder los que se benefician.
Es necesario para ello que cada uno sea honesto en su interior y se pregunte realmente si, a pesar de coincidir con la ideología y las propuestas, el espacio al que defiende es realmente intachable. Quien peque de modesto encontrará la respuesta más objetiva posible.

Secretario General de Redacción de Tribuna de Periodistas