La tragedia del fentanilo contaminado: la responsabilidad inexcusable de Mario Lugones y la ANMAT
HLB Pharma acumulaba 267 expedientes por irregularidades, 117 por “desvío de calidad” y 133 alertas.
La Argentina está de luto. Noventa y seis vidas apagadas, un bebé de tres meses, Giovanni Benavídez, marcado de por vida por secuelas irreversibles, y un sistema sanitario que ha traicionado su juramento más sagrado: salvar.
El escándalo del fentanilo contaminado no es un error. Es una afrenta. Es el fruto podrido de un sistema de controles roto, de una desidia que mata. El ministro de Salud, Mario Lugones, y la ANMAT, bajo la dirección de la Dra. N. Agustina Bisio, son responsables directos de esta catástrofe.
Como ciudadano, exijo respuestas, acción, y una reforma que arranque de raíz esta vergüenza. Porque cada muerte es un puñal en el alma de la nación.
Una cronología de la desgracia
Los hechos son un latigazo. En abril de 2025, el Hospital Italiano de La Plata alertó sobre infecciones respiratorias letales en terapia intensiva, causadas por Klebsiella pneumoniae (productora de metalo-beta-lactamasa) y Ralstonia pickettii. El juez federal Ernesto Kreplak señaló al culpable: el lote 31202 de fentanilo (154.530 ampollas, vencimiento septiembre de 2026), fabricado por HLB Pharma Group S.A. y elaborado en Laboratorios Ramallo.
Este veneno disfrazado de medicina llegó a más de 200 hospitales. Al menos 42.000 ampollas fueron inyectadas antes de que la ANMAT, con una lentitud imperdonable, prohibiera su uso el 11 de marzo de 2025.
El 8 de mayo, la ANMAT clausuró ambos laboratorios por irregularidades aberrantes: falta de trazabilidad, contaminación cruzada, procesos de fabricación defectuosos. Hasta el 16 de agosto, 96 personas murieron: 46 en Santa Fe, 19 en Buenos Aires, 2 en CABA, y otras en Córdoba y Formosa. Unas 30.000 ampollas siguen sin localizarse, según fuentes judiciales.
Giovanni Benavídez, un bebé sano, es hoy un símbolo desgarrador: su vida, destrozada por una dosis contaminada. Cada víctima es un grito. Cada ampolla perdida, una amenaza latente.
Mario Lugones: el ministro que no actuó
Mario Lugones, ministro de Salud desde octubre de 2024, tenía un mandato claro: proteger la salud de los argentinos. Fracasó estrepitosamente.
En entrevistas con TN y Crónica, se mostró conmovido, llamó al caso “un atentado a la gente” y señaló la “mala praxis” de los laboratorios. Palabras que suenan huecas frente a 96 tumbas.
Ordenó auditorías generales, pero no con la urgencia que exigía un lote fabricado en 17 días (18 de diciembre de 2024 al 4 de enero de 2025), un tiempo imposible para controles rigurosos. Lugones lo permitió.
Admitió “negligencia” en el Instituto Nacional de Medicamentos (INAME), dependiente de la ANMAT, tras 139 alertas ignoradas sobre HLB Pharma. Su sumario interno, que tardará meses, es un insulto a las víctimas.
Como médico con 53 años de experiencia, Lugones debió ser un centinela. En cambio, dejó la puerta abierta al desastre. Su responsabilidad es inescapable: no previno, no protegió.
Agustina Bisio y la ANMAT: un guardián que falló
La ANMAT, liderada por la Dra. Agustina Bisio, es el organismo encargado de garantizar la seguridad de los medicamentos. Su gestión ha sido un fiasco.
HLB Pharma acumulaba 267 expedientes por irregularidades, 117 por “desvío de calidad” y 133 alertas, pero operó sin restricciones hasta que las muertes fueron noticia.
La ANMAT detectó problemas en noviembre de 2024, pero Bisio no fue informada hasta el 12 de febrero de 2025, cuando ordenó el cierre en dos horas. Demasiado tarde.
Una exempleada de HLB Pharma, afirmó que la ANMAT alertaba al dueño del laboratorio, Ariel García Furfaro, sobre inspecciones, permitiéndole ocultar fallas. Aunque esta acusación no está confirmada, señala una verdad innegable: la ANMAT falló en su misión.
Bisio, con su trayectoria en evaluación de medicamentos, debió fortalecer los controles. No lo hizo. Su responsabilidad es clara: dejó que un laboratorio con antecedentes letales jugara con vidas.
Una herida que sangra
Noventa y seis muertos. Un número que, según Kreplak, puede crecer. Pacientes en terapia intensiva, vulnerables, confiaron en un sistema que los abandonó.
La falta de trazabilidad, reportada, deja 3.000 dosis sin localizar, una espada de Damocles sobre el país. Esta tragedia supera a la de Once.
La confianza en el sistema sanitario está en ruinas. Cada ampolla perdida es un recordatorio de la desidia. Cada vida perdida, un eco de injusticia.
Basta de lágrimas: es Hora de Justicia
Estoy harto. Harto de discursos vacíos, de promesas que no resucitan a los muertos, de un sistema que mata por negligencia. Lugones, con su experiencia, debió ser un escudo. En cambio, dejó que 96 familias lloraran.
Bisio, al frente de la ANMAT, permitió que un laboratorio con un historial criminal distribuyera veneno. Esto no es un descuido: es una traición.
Exijo auditorías exhaustivas a todos los laboratorios, sanciones inmediatas a los responsables dentro de la ANMAT y una reforma estructural que devuelva la dignidad al sistema sanitario. Argentina no merece menos.
Cada día sin respuestas es una condena. Cada vida perdida, un grito que el mundo debe escuchar. Que no haya ni una muerte más.

Periodistas de investigación
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