El Barro. Guillermo Francos admitió la presencia de ex agentes de Inteligencia en su equipo.
Durante su exposición en el Congreso de la Nación el miércoles pasado, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, enfrentó un fuerte cruce con la diputada Marcela Pagano, quien se apartó del bloque libertario. La legisladora le preguntó de manera directa si en la plantilla de la Jefatura de Gabinete —ya sea bajo modalidad permanente o contratada— existen agentes de Inteligencia provenientes de la ex SIDE o de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), y mencionó nombres puntuales, entre ellos el de José Luis Vila.
El tema escaló rápidamente. El periodista Martín Granovsky afirmó en el programa “QR!” que Francos “armó una estructura con agentes de Inteligencia”, recordando que la ley sancionada en 2001 prohíbe expresamente la realización de tareas de espionaje fuera de los organismos oficiales creados para tal fin. Según detalló, el propio Francos reconoció que José Luis Vila, actual secretario de Asuntos Estratégicos y exfuncionario de la SIDE, integra su cartera. “Nunca se deja de ser un agente de Inteligencia”, advirtió Granovsky en el ciclo televisivo que se emite por Bravo TV.
La situación generó más suspicacias cuando, en plena sesión, la diputada libertaria Lilia Lemoine se interpuso insistentemente frente a Pagano mientras esta realizaba sus preguntas, en un gesto que fue leído como un intento de incomodarla o silenciarla.
Las revelaciones reavivaron un viejo debate en Argentina: el rol de los servicios de Inteligencia en democracia y la falta de controles efectivos sobre su funcionamiento. La admisión de Francos abre interrogantes sobre la transparencia y los límites institucionales en áreas sensibles del Estado.

Subeditora de Economía de Tribuna de Periodistas