Desquiciado: Milei inauguró las sesiones con ataques directos y promesas de un “año de la grandeza”.
Un delirio.
Con severos signos de desorden conductual, el presidente Javier Milei pasó por la Asamblea Legislativa con un discurso extenso, confrontativo y plagado de interpelaciones directas a la oposición, a la que acusó de “golpistas” y de “defender privilegios” mientras reivindicó la estabilización macroeconómica, el endurecimiento de la seguridad y la agenda aperturista del Gobierno. “Hemos venido a determinar que esta miseria decadente se terminó”, afirmó, y convocó a “abrazar la moral como política de Estado”.
Desde el inicio marcó el tono. Aseguró que hace “dos años” el país estaba “en crisis terminal” y que su administración evitó “una hiperinflación”, para enseguida celebrar lo que llamó uno de los períodos extraordinarios “más productivos de nuestra historia”. Enumeró como logros “el primer presupuesto sin déficit fiscal en 100 años”, la “ley de inocencia fiscal”, la reforma penal juvenil y la “modernización laboral”, y subrayó la firma del acuerdo Mercosur–Unión Europea y un entendimiento con Estados Unidos. “La justicia social es un robo”, lanzó, en una de las frases que más ruido generaron en el recinto.
La intervención estuvo atravesada por chicanas y descalificaciones en vivo. “Manga de ladrones… por eso tienen a su líder presa”, dijo, en referencia a la oposición, a la que también llamó “kukas” y “chorros”. “Ustedes escondían detrás de las causas justas a un montón de delincuentes… me encanta domarlos. Me encanta hacerlos llorar”, provocó, en diálogo tenso con los escaños opositores. “¿Qué te pasa, Chilindrina trozca? Seguí llorando, Chilindrina”, ironizó en otro pasaje, mientras acusaba a sus adversarios de “no saber leer un número” y de “sumar con dificultad”.
“Gracias al accionar implacable de la doctora Patricia Bullrich… bajamos la tasa de homicidios en un 17% a nivel nacional, y los homicidios en Rosario en 65%”, sostuvo al repasar su política de seguridad, reivindicando el “protocolo antipiquetes” y la promesa cumplida de “cero piquetes”: “pasaron de nueve mil por año a cero”. “El que las hace, las paga”, repitió. También se detuvo en el reordenamiento del gasto social: “Eliminamos las transferencias discrecionales” y “aumentamos las automáticas”, y reivindicó subas de AUH y otras prestaciones.
El Presidente hizo una defensa cerrada de la apertura comercial y cargó contra lo que llamó “fetiche industrialista”. “¿Acaso les parece normal pagar la tonelada de tubo de acero 4000 dólares cuando afuera se paga 1400?”, dijo, para acusar a la “protección” de ser un “robo” que “restringe la libertad” y beneficia a “empresarios prebendarios” y “políticos corruptos”. “Restringir el comercio es cercenar la libertad de disponer del dinero que una persona se ha ganado con el sudor de su frente”, argumentó, presentando la apertura como un imperativo moral, además de económico.
Milei alternó los cruces con anuncios. Aseguró que el RIGI ya aprobó proyectos “por 25.000 millones de dólares” y que evalúa otros “45.000 millones”, con “32 proyectos en 11 provincias”. Prometió “convertir al RIGI en política de Estado” y “reducir 20% la planta estatal” —dato que ubicó ya en ejecución—. “Hemos realizado más de 14.500 desregulaciones… detrás de cada regulación había un curro, un tongo”, dijo, al elogiar el trabajo del Ministerio de Desregulación. En transporte y energía, proyectó exportaciones del complejo energético por “50.000 millones de dólares” en cinco años y la “modernización más grande en un siglo” de los ferrocarriles de carga.
El tramo internacional tuvo otro pico de tensión discursiva. Reivindicó el alineamiento con Estados Unidos y afirmó que, ante un “contexto golpista”, “el gobierno de Donald Trump acudió en ayuda” de la Argentina “para defendernos contra el embate desestabilizador”. “Es hora de hacer de esto una política de Estado… Make Americas Great Again, de Alaska a Tierra del Fuego”, arengó, y habló de construir “el siglo de las Américas”. “La era de la cooperación global sin brújula moral ha terminado”, dijo, para proponer una “alianza estratégica duradera” en un mundo “de grandes naciones que compiten por cadenas de valor verticales”.
También prometió un paquete masivo de iniciativas legislativas: “Cada uno de los ministerios ha preparado 10 paquetes de reformas estructurales… nueve meses ininterrumpidos de reformas que van a rediseñar la arquitectura institucional de la Nueva Argentina”, anunció. Y, en el plano judicial, pidió “juicios por jurado” a nivel federal, profundización del sistema acusatorio y endurecimiento del Código Penal: “Para poder seguir avanzando en nuestra consigna: el que las hace, las paga”.
El cierre buscó épica y dejó otra declaración de principios: “Es hora de volver a abrazar la moral como política de Estado… Es nuestra verdadera tarea y nuestro verdadero mandato”, dijo. Y proclamó “el Año de la Grandeza Argentina”: “Los invito a pensar en sus nombres grabados en piedra, como aquella generación que cambió el destino de nuestra patria”. La despedida, fiel al estilo que dominó toda la presentación, llegó con su eslogan: “¡Viva la libertad, carajo! Hagamos grande a la Argentina nuevamente”.

Subeditor General de Tribuna de Periodistas
