Una infancia que deje Marcas o Huellas…

Los primeros años de vida, la primera infancia son etapas muy significativas en la vida de una persona.

Los individuos recién nacidos de la especie humana, son muy vulnerables en esos primeros tiempos. Necesitan del cuidado, la atención de otros y del amor, para lograr reconocerse a sí mismo en ese delicado y complejo proceso del pensamiento que le permite al ser humano auto registrarse, identificarse, reconocerse.

Dime como fue tu niñez y sabremos con que herramientas cuentas en tu personalidad

Cuando nos preguntamos a nosotros mismos quienes somos, sin dudas, en la esa auto definición del Ser, van implícitos una serie de aspectos que conforman esa auto definición.

Somos nuestra historia prenatal, nuestra infancia, nuestros primeros vínculos y experiencias de vida, el entorno sociocultural, las distintas experiencias que van sumándose y modificando nuestro ser, y a su vez nosotros como perceptivos, sintientes, pensantes y actores, modificando el medio, como así también, el propio bagaje que traemos inmiscuido en nuestra personalidad.

En la niñez nos encontramos armando estructuras de nuestra personalidad y conceptos de nosotros, de los otros y del entorno. Cuando los niños tienen la oportunidad de sentirse validados, valiosos, amados, respetados, sostenidos y cuidados, tienen más oportunidades para desarrollar un psiquismo saludable, en el que puedan ir apoyándose, para constituirse en las diferentes etapas evolutivas, de manera madura y capaz de generar en otros, similares circunstancias benéficas.

El amor sin condiciones, el cuidado y el respeto que se tiene en la infancia deja moldes, deja huellas. La seguridad y estabilidad que el o los adultos generen en la crianza del niño/a, formarán parte de su haber mientras crece.

La niñez, lleva consigo la imperiosa necesidad de sentir la mirada, la escucha atenta y el sostén físico y emocional de por lo menos un adulto. La carencia de algunos de estos aspectos deja marcas que atientan contra el sano desarrollo.

Cuando hablamos de sostén, hablamos del respeto por el niño, la aceptación de del niño o niña que es, hablamos del compromiso amoroso, moral y ético con ese niño/a, para educarlo/a bajo las alas de la autonomía y libertad.

Entender y acompañar la niñez, es saber que un niño/a no tiene dueños, sino que debería tener adultos responsablemente amorosos que transiten a su lado hasta que pueda solo/a.

Entender y acompañar la niñez significa también una gran inversión al propio futuro.

 

Graciela Tafarelli

Consultora Psicológica

Contagiar Salud

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