Opinión | La economía es el gran dilema político

Después del anuncio de las nuevas medidas económicas implementadas por el Gobierno nacional surgieron temas que es necesario analizar para conocer el marco por donde circulará nuestra economía en los próximos meses.

Surgen varias preguntas y, por supuesto, los interrogantes son acuciantes.

Entre los temas de actualidad que analizan y estudian los analistas, empresarios y ciudadanos, podemos mencionar: los aumentos de los precios, el riesgo de una hiperinflación, el valor del dólar, la recesión, los salarios, el valor de las tarifas, lo que pasará en los primeros 100 días a partir del 10 de diciembre, el futuro mediato e inmediato del cepo y la siempre reflotada consigna de “un acuerdo político económico social”.

Vértigo inflacionario

Quizá lo que más preocupa a los ciudadanos de a pie es el peligro a una espiralización de los precios a un ritmo mucho más vertiginoso que los índices que actualmente nos agobian (entre un 4 a 5% mensual), esto dependerá de los aumentos de salarios y de la evolución del tipo de cambio, es decir de la cotización del dólar.

Con respecto a los arreglos paritarios que se negocien, es importante rescatar la actitud de los sindicatos que se muestran poco confrontativos; desde 2017, el salario real perdió más del 18% respecto de los movimientos del tipo de cambio. Esta calma demuestra que desde los sectores del trabajo no se busca el conflicto con el actual gobierno, pero además puede interpretarse como una señal de cooperación con el presidente que asuma después de las elecciones.

La fragilidad de la estabilidad cambiaria dependerá de la confianza que generen los operadores, y no es aventurado afirmar que las recientes medidas implementadas como el cepo no producirán grandes cambios en los próximos meses a pesar de los vaivenes políticos que se están produciendo. Es hasta estratégico y clave el rol de Alberto Fernández en su calidad de candidato a presidente más votado en las Paso, ya que cuando decidió confrontar con el Gobierno, dudar de la relación con el FMI o criticar el esquema económico actual, el mercado lo sintió y el ejemplo más claro fue durante la semana negra de la economía después de las elecciones del 11 de agosto pasado la cotización del dólar de $46 llegó a los $62 para luego estabilizarse en $57/58, originando el proceso inflacionario que se desencadenó en tras el urnazo.

Quedo demostrado que la inflación no disminuye achicando solamente el mercado interno; se logrará con adecuadas políticas monetarias y fiscales y con políticas que impulsen estrategias de acuerdos sociales y políticos; es imprescindible que el país muestro voluntad genuina para disminuir la destrucción de la moneda y la endemia inflacionaria. Y, por supuesto, que acompañen esta decisión todos los actores que pueden influir para disminuir o mantener los precios y preservar la salud de la economía.

Hoy es imperioso mejorar la situación económica y hacer posible que comience un ciclo donde se acote al máximo la especulación financiera y la economía se oriente decididamente a la generación de riquezas, es decir, a la producción y la generación de empleo; pero los márgenes de maniobra son acotados y no solo dependen de la economía. El contexto político -actual y del próximo gobierno -será clave; nos preguntamos cuál será el margen de apoyo de la oposición. Sería bueno saber si se generará confianza entre los inversores; para que esto ocurra es imperioso que el próximo gobierno -sea del signo político que sea- exhiba poder político para controlar la situación e implementar políticas razonables. Ese será el desafío. La situación social que recibirá el nuevo gobierno es un hierro caliente. La estanflación recesión con inflación- de estos últimos ocho años llevó la pobreza a un nivel superior al 35%. Quedó demostrado que la economía no mejora, y la calidad de vida, tampoco, si el gobierno se limita a poner plata en el bolsillo de la gente o dándole alimentos. La pobreza retrocede con educación de calidad y generando fuentes de trabajo genuinas.

La agenda

Son varios los temas que se deben resolver en estos meses para darle certidumbre a la economía:

. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que determinará si desembolsará el dinero comprometido (US$ 5.400 millones); esto podrá cambiar o no la estrategia con respecto a las ventas de reservas que diariamente se realizan para mantener estable la cotización del dólar. Si no llegara ese dinero, se corre el riesgo de una corrida bancaria mayor a la que hubo después de las Paso, motivo para cambiar las medidas regulatorias, entendiendo que el FMI hará todo lo posible para seguir apoyando a nuestro país.

. El cepo financiero recientemente implementado, corre el riesgo que las provincias por falta de fondos comiencen a emitir cuasi monedas, con lo que esto significa: primero, serán emisiones monetarias que generarán inflación; segundo, solo servirán para operaciones en cada provincia como pago de impuestos provinciales u operaciones dentro de su territorio y, tercero, se tendrá que crear un banco que maneje estas cuasi monedas y determine en tiempo y forma cómo se hará la convertibilidad a moneda nacional o extranjera para operaciones con otras provincias o países; y, cuarto y la más importante, generar confianza dentro de cada provincia para que esas monedas sean de libre circulación en su territorio.

. Tendrán que resolver la forma de rescatar los títulos públicos emitidos por el país y que generan intereses altísimos, ya sea instrumentando un cepo más severo que vigente o postergando los vencimientos y pagos; de otra forma, no será sustentable ningún modelo o plan a implementar.

Dolarización

Es opinión de varios analistas que nuestra economía se tendría que dolarizar. Si se considera que actualmente ya es bimonetaria (en pesos y en dólares), de tomarse esa decisión nuestro país perdería una herramienta que sería manejar su propia moneda, pero bajarían los intereses, la inflación se mantendría en estándares internacionales, se terminaría la especulación financiera y comenzaríamos a pensar en generar riqueza genuina a través de la producción. Nos preguntamos: ¿a qué valor tomaríamos nuestro peso para convertirlo a dólares? Y ¿Alcanzarían los dólares para cambiar todo el dinero emitido en nuestra moneda?

Recordemos que cuando en Argentina se implementó la convertibilidad (un peso – un dólar), nuestra moneda se devaluó un 25%, de $0,80 a $1 por cada dólar. Los temas analizados son propios de un estado de crisis que se tendrá que resolver en el corto plazo. La pregunta de fondo es si nuestros políticos, realmente, estarían dispuestos y preparados para gobernar sin déficit.

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